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Ángeles Cruz: actriz oaxaqueña que rompió cadena de racismo

Ángeles Cruz: actriz oaxaqueña que rompió cadena de racismo

“No necesito fama ni dinero”, dice Ángeles Cruz, quien con “Nudo mixteco”, su primer largometraje ha conquistado los escenarios internacionales.

REFORMA

Yanireth Israde

Cd. de México (10 julio 2022).- En San Miguel el Grande, pueblo de Tlaxiaco, Oaxaca, donde nació la cineasta y actriz Ángeles Cruz, no había sala cinematográfica, pero sí una película. Una sola. La misma que ella vio, sin abrumarse, durante 16 años: El joven Juárez.

“La tenía mi papá y la proyectábamos en las comunidades, con una pared en blanco. Fue una película que vi durante muchos años: me sabía plano por plano, cómo proseguía, las líneas de los textos”, evoca Cruz, nominada por la academia sueca como mejor actriz en 1994 por La hija del puma”, y al Ariel por Rito terminal.

“Hablo de liberarnos de lo que nos ha impuesto la sociedad y de poder decidir sobre nosotras mismas, sobre nuestros sueños, sobre nuestros anhelos, sobre nuestros gozos, sobre nuestro cuerpo, cosa que no estamos haciendo”.

Ángeles Cruz

Cineasta, actriz y guionista

Nudo mixteco, su primer largometraje, se estrenó recientemente en salas comerciales del País tras un exitoso recorrido por festivales del mundo, como el San Francisco Films, donde ganó el premio de la Crítica del Jurado o el de Las Palmas, que le concedió el galardón del Público, el mismo que obtuvo en Morelia.

El abuso infantil, el amor lésbico y la migración se entreveran en esta obra a partir de tres historias que convergen en una fiesta patronal de San Mateo, sitio que remite a su propia comunidad.

Colocar su silla en algún lugar de Tlaxiaco donde presentaban por enésima vez el filme del Mandatario oaxaqueño, y creer cada vez la historia relatada se convirtió no solo en ritual, sino en un asombro perdurable que definió su vocación.

“Durante la primera etapa de Benito Juárez mostraban una vida en el campo que entendía, unos caminos muy parecida a los de mi monte, de mi cerro, y como niña, sentirme identificada con esos paisajes creo que me hizo ver que cualquiera puede ser Presidente o Presidenta de este País.

“Y me divertía mucho el cine en sí; el fenómeno de ir con mi silla, sentarme a ver una película y entrar en ese mundo, creerme todo el cuento me pareció fascinante, me transportó a otro lado, a mí y a la gente que se sienta al lado. Eso cambió mi perspectiva de la vida”, cuenta en entrevista la directora del cortometraje Tiricia o cómo curar la tristeza, del que también fue guionista.

Con esta obra, que aborda el abuso infantil, obtuvo La Palmita EFM del Tour de Cine Francés 2012, así como el Ariel y la Diosa de Plata al mejor corto, ambos en 2013.

IDILIO CON EL CINE

Cruz se reconoce tímida, pero este rasgo no le impidió que su profesor Sergio Santa María advirtiera y promoviera una capacidad histriónica cuando estudiaba la preparatoria en Oaxaca, aunque ella ni siquiera hablaba.

“Para mí”, ha contado en Radio Francia Internacional, “era un reto pararme ante la gente, me llevaba a la parálisis casi, porque hay que jugar a estar en otros zapatos, en otras ‘vividuras’ y narrar”.

Una vez en el escenario, sin embargo, Cruz lo dominó. Entonces y ahora.

En la preparatoria, siempre que podía, la actriz y escritora se escapaba al cine, evoca.

“Y una vez que llegué a la Ciudad de México fue un agasajo. Ahorraba para comprar mi bono de la Muestra Internacional de Cine, pues mi familia era (es) de muy escasos recursos; juntar para comprar mi bono era mi inversión anual”.

Estudiaba en la Escuela de Arte Teatral de Bellas Artes, y en la última clase, que era en la noche, siempre tenía que pedir permiso para ir a la Muestra.

“Trabajaba en la mañana, estudiaba en la tarde y en la noche me escapaba a la Muestra o al (Cinematógrafo del ) Chopo. Era un lugar barato para ver películas muy buenas. Ahí conocí, por ejemplo, a Andrei Tarkovski. Como público he sido una apasionada de ver las películas en pantalla grande”.

TERMINAR CON EL CLASISMO

Aunque Cruz trabajó en televisión, y reconoce las tablas que adquirió en el medio, éste no cumplió sus expectativas, por racista.

“De hecho, nunca en mi carrera como actriz me han ofrecido un personaje que tenga una licenciatura; estamos estereotipados y los personajes con mis características físicas no pueden llegar lejos. Estas ideas llegan a nuestras comunidades e inconscientemente terminamos por creerlas.

“Así que romper con esa cadena ha sido para mí un gran aprendizaje, que he obtenido a partir de pasarme atrás de la cámara”, expuso en una entrevista para el Imcine.

Siempre, recuerda, le correspondían personajes que eran víctimas o delincuentes.

“Esto lo atribuyo a este País tremendamente racista y clasista en el que vivimos, en el que creen que por mis rasgos indígenas no puedo interpretar otro tipo de personajes. Entonces surgió la necesidad de contar mis propias historias, fue un impulso natural que me invitaba a incursionar en el cine”.

Nudo mixteco, como otras de las propuestas cinematográficas de Cruz, indaga el estrecho, pero poderoso margen de decisión que tienen los personajes femeninos, para asumir y decidir su destino en un mundo opresivo.

Ubica sus filmes en su comunidad y en el mundo que conoce y en que ha crecido, pero la desventajosa situación de la mujer no es privativa de la Mixteca, advierte, pues se replica internacionalmente, como ha constatado durante su estancia en otros países.

¿Qué lucha desarrollan tus personajes en lo íntimo, en el ámbito más doméstico?

El punto medular es poder decidir sobre nuestro primer territorio, que es nuestro cuerpo. Para mí eso es fundamental. ¿Qué pasa con nosotras en un País devastado por la violencia, por el machismo, por la misoginia, por la homofobia, por el racismo, por el clasismo? y así nos vamos por diversas capas que nos constituyen y a través de las cuales las mujeres tenemos poco espacio para decidir sobre nuestro cuerpo.

Decidir sobre el cuerpo: ¿qué implicaciones tiene además de la sexual?

Implica que tenemos derecho al gozo en todas sus manifestaciones, no nada más sexual, sino también emocional.

Hablo de liberarnos de lo que nos ha impuesto la sociedad y de poder decidir sobre nosotras mismas, sobre nuestros sueños, sobre nuestros anhelos, sobre nuestros gozos, sobre nuestro cuerpo, cosa que no estamos haciendo o que, si lo estamos haciendo, se nos juzga con demasiada severidad.

Relatas tu mundo e incluso acudes a tu comunidad indígena para filmar. ¿Resistes asimilarte al mundo ‘occidental’?

Me encontraba a la deriva una vez que salí de mi comunidad. A lo mejor soy una persona muy arraigada. Y volver a caminar y reconocer en mis propias veredas, digamos, me dio ‘completitud’ si se puede decir; de alguna u otra manera me siento más completa ahí.

Cuando tuve necesidad de contar una historia, el único lugar donde encontraba sosiego era en mi comunidad. Ahí tomé las decisiones de qué tipo de historias contar, desde dónde las quiero contar, cómo las quiera contar y con quién.

Para mí es fundamental la pregunta: ¿con quién quiero hacer equipo? Y no tengo que empezar de cero; tengo una comunidad que me cobija, que me cuestiona, que me tolera, que me soporta y que me alimenta también.

En ese sentido para mí era natural hablar desde ahí y volver a recorrer todo lo que alimenta mi sangre, mis pensamientos, mi respiración. Desde ahí poder expresarme y también reconocerme como una mujer indígena contemporánea que está debatiéndose entre pertenecer o no.

El mundo occidentalizado, el mundo citadino, también me abre otros caminos, pero pienso que estoy más completa si puedo narrar desde donde está mi ombligo.

En los proyectos cinematográficos que dirige, Cruz trabaja con miembros de su comunidad, a quienes selecciona en un casting, y conjuga el trabajo de estos con el de actores profesionales.

CUIDAR EL ALMA

¿Prefieres dirigir que actuar y escribir guiones?

Sigo gozando las tres etapas en las que me desarrollo. Me cuesta muchísimo escribir. Gozo mucho ser actriz, gozo mucho dirigir y me entusiasma y me cuesta muchísimo trabajo la escritura, quizá porque es la parte en la que estoy más sola.

Cuando eres actriz estás recargada un poco en tu directora o tu director, en tus compañeras y compañeros e igual pasa en la dirección: estás rodeada de un equipo talentosísimo que te acompaña, que te sostiene y que te guía.

Y en la escritura eres tú con tus propias ideas y con una hoja en blanco que hay que ir llenando poco a poco. Es la parte que más me cuesta, pero la disfruto mucho también.

¿Seguirás por el camino de la dirección cinematográfica?

Me gusta mucho, me genera una gran emoción, me provoca este nudo en el estómago que se hace cuando algo te emociona y te importa muchísimo. Creo que cuando deje de sentir esa pasión dejaré de hacerlo, pero mientras siga sintiendo esa cosquillita, la necesidad de contar algo, lo voy a seguir haciendo desde el cine.

Me emociona mucho la posibilidad de vivir esa experiencia en una sala con gente que no conoces, y lo que se genera alrededor cuando se apagan las luces y empieza a correr una película. Para mí es una experiencia casi religiosa, como cuando vas al templo con una fe, en el cine corre la historia y tú junto con ella.

¿Está muy lejos la niña tímida que alguna vez fuiste?

La encuentro siempre. Por eso creo que es tan difícil la escritura; para escribir siempre me adentro en lo que desnuda mi alma, ahí donde me siento más frágil. Es como mi punto de partida para poder narrar, donde me encuentro las preguntas que no sé contestar, donde me quito conjeturas. Desde ahí quiero seguir abordando el cine.

¿Es el lugar más honesto, el más auténtico?

En mi caso es el más auténtico. Es donde te desnudas y llegas a decir: ‘pues aquí no hay quién me salve’; aquí tengo que empezar a construir mi propia narrativa, mi propio discurso.

Tengo que dejar todas las expectativas fuera y, sin ellas, conectar con algo que me preocupe, que me conmueva, que me tenga prendido el corazón. Y cuando logras contar eso, llevarlo a la pantalla y una vez que llega a la pantalla, que la gente pueda encontrar en ese mundo un reflejo.

Respetuosa de su espíritu creativo, la cineasta no ha escrito más historias de las que ha filmado y tampoco actúa indiscriminadamente.

“Ahora cuido más los personajes que quiero hacer como actriz, trato de no involucrarme en proyectos donde no vaya a involucrar a mi alma”, dijo en la charla con el Imcine.

“No necesito fama ni dinero. Tengo una pequeña casa en la comunidad, donde puedo vivir de lo que hago de manera tranquila, escribiendo mis propios proyectos, llevándolos a cabo y eligiendo el tipo de personajes que quiero interpretar”.

La diversidad en el cine es primordial, enfatiza Cruz, sobre todo en una época que tiende a la uniformidad.

“Siento que la industria cinematográfica, con toda esta parafernalia de las plataformas de streaming, ha empezado a hacer más de lo mismo, como si fuera una maquila; de pronto todas las series y todas las películas se parecen”.

COMO DIRECTORA

-La tiricia o de cómo curar la tristeza (cortometraje, 2012)

-La carta (cortometraje, 2014)

-Arcángel (cortometraje, 2018)

-Nudo Mixteco (largometraje, 2021)

COMO ACTRIZ

-La Hija del Puma (1994)

-La otra conquista (1998)

-Rito terminal (2000)

-Aro Tolbukhin (2002)

-El violín (2005)

-Espiral (2008)

-Marcelino, pan y vino (2010)

-Cenizas Eternas (2011)

-La niña (2012)

-Tamara y la catarina (2016)

-Tiempo de lluvia (2018)

-Dos Fridas (2018)

-La Ira o el Seol (2018)

-Traición (2018)

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