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la vez en que Tomás Garrido Canabal azotó al aristócrata inglés James de Rotschild

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la vez en que Tomás Garrido Canabal azotó al aristócrata inglés James de Rotschild

Narración tomada del muro de Edy Diaz

Esta anécdota fue contada por Amado Alfonso Caparroso, secretario particular de Tomás Garrido, al periodista Isidoro Pedrero Totosaus, que la plasma en el libro ‘Vidas que alumbran’.

Un retrato de quien fue el Sagitario Rojo o el Hombre del sureste, hoy que se cumplen 78 años de su muerte.

“En 1921 se presenta en Tabasco el inglés James de Rotschild, representante de las compañías petroleras El Águila y de la Royal Dutch, rubicundo, alto y corpulento, hacía gala de prepotencia; además de ingenieros y geólogos y ayudantes, contaba con todo el respaldo del Jefe de la guarnición militar Luis T. Mireles, quien por padecer del vitiligo le apodaban El Pinto. A Rotschild le decían el Duquesito, por sus modales aristocráticos. Mientras realizaban las compañías las excavaciones petroleras en Macuspana y Jalapa, tanto sus guardias blancas como la tropa que a su disposición envió el Pinto Mireles, cometían toda clase de atropellos con los campesinos en cuyas propiedades o ejidos se hacían las excavaciones. El gobernador Tomás Garrido Canabal mandó llamar tres veces al Duquesito y tres veces recibió la misma respuesta: No tengo tiempo para hablar con ese señor. Garrido enviaba sus quejas al Pinto Mireles y éste nomás tomaba notas.”

“Pero a los pocos días, las guardias de Rotschild mataron a un indígena en Tepetitán y la indignación de Garrido fue grande. ¿Cómo iniciar un juicio contra el Duquesito y contra las poderosas compañías petroleras respaldadas por la escuadra inglesa anclada en Honduras Británicas y en la Martinica? Garrido, hombre de acción, ordena a Francisco Gamas, José Piñera y el mayor Ocampo Ferrer que plagiaran a James Rotschids. Y una noche, cuando el duquesito se dirigía a su habitación en el hotel Palacio, el comando garridista desarma y ata a su guardaespaldas y de inmediato embarcan a Rotschids en el motor de Santiago Chanti. Lo desembarcan en Acachapan y Colmena y ahí lo esperaban unos monteros y guías con caballos y mulas. Su destino fue Guatemala. En el trayecto, el duquesito trató de escapar y siguiendo órdenes previas de Garrido, le dieron cincuenta azotes, con la advertencia de que en la próxima serían cien. Y Rotchisds aceptó con humildad franciscana su condición de reo: harapiento y sin zapatos y con una soga al cuello, durante las caminatas nocturnas. De Rotschild y su arrogancia imperial, no quedaba más que un guiñapo humano.”

“El escándalo fue mayúsculo allá en México. La prensa atacando a Garrido; la embajada inglesa protestó ante el gobierno de Obregón y aquí en Tabasco el Pinto Mireles busca afanoso e infructuosamente a su protegido y a la vez benefactor. El Secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, envía un telegrama a Garrido y éste se presenta ante Álvaro Obregón. Era la primera entrevista que sostenía el Sagitario Rojo con un presidente. Ante la imponente personalidad del Manco de Celeya, Garrido no perdió ecuanimidad. Obregón le habló de las protestas inglesas, de la belicosidad imperial, de la difícil situación financiera de México y le reclamó su muy personal forma de hacer justicia. Garrido escuchó y luego le explicó detalladamente el proceder del Duquesito, los atropellos de sus guardias y la irreverencia ante el gobierno del Estado. Obregón se indignó, su rostro rubicundo fue más astuto y le dijo a Garrido estas palabras de fuego: El presidente de México condena su proceder, pero el ciudadano Álvaro Obregón lo felicita y le aconseja: para la próxima, déle más azotes y mándelo a chingar a su madre”.

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