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El sur, siempre el sur

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El sur, siempre el sur

De las cinco entidades menos competitivas, cuatro están en el sur: Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Guerrero. ¿Puede México seguir rompiéndose en dos?

EL PAÍS

VALERIA MOY

30 MAR 2022 – 21:21 CST

Hace unas semanas, en el marco del Día de la Mujer, el IMCO presentó un estudio llamado Estados con lupa de género en el que analiza las condiciones laborales de las mujeres en las diferentes entidades del país. Uno de los datos que llamó mi atención desde el inicio fue la enorme diferencia de la participación económica de las mujeres en algunos estados, particularmente en Chiapas. Mi sorpresa venía de mis pocas visitas a ese estado y de ver, siempre, mujeres trabajando de sol a sol en ocupaciones principalmente manuales y artesanales. En mi cabeza resonaba que cómo era posible que eso que se veía con tanta claridad en Chiapas no se reflejara en los indicadores del Inegi.

La respuesta quizás me sorprendió más. Los datos utilizados para el estudio capturaban los empleos remunerados, por eso Chiapas estaba hasta abajo en la lista. La participación económica de las mujeres en Chiapas es 31.1% de la población en edad de trabajar. El porcentaje contrasta con un 44.2% en todo el país. Eso, desde luego, no significa que las mujeres no trabajen, sino que lo hacen en empleos no remunerados. Además, es en Chiapas donde las mujeres dedican proporcionalmente más tiempo a actividades no remuneradas. Las mujeres chiapanecas dedican a trabajo no remunerado 81.3% más tiempo que el que lo hacen los hombres de esa entidad. Es la brecha más grande del país.

Pero desafortunadamente no es el único indicador de brechas sociales en el que Chiapas sale en el último lugar. Chiapas es el estado que tiene mayor porcentaje de la población en pobreza laboral, es decir, que no pueden adquirir la canasta alimentaria básica con el ingreso proveniente de su empleo. Más de 3,8 millones de chiapanecos viven en situación de pobreza, equivalente al 69.3% de su población.

Cuidado con este porcentaje. Quizás escuchar que casi el 70% viven en situación de pobreza nos llevaría a pensar que todos son igualmente pobres. Nada más alejado de la realidad. El coeficiente de Gini nos muestra que es ahí donde hay también una mayor desigualdad de ingresos. Chiapas es el estado más desigual del país; es la entidad donde los ingresos laborales están repartidos de la manera más desigual.

Cuando hablamos de México y de sus cifras promedio obviamos las enormes diferencias entre las regiones. Es en el sur, como lleva siendo desde hace décadas, donde se concentran enormes problemas de desarrollo social -poco crecimiento, pobreza, informalidad, menos escolaridad, mayor desigualdad-. No nos debería de sorprender entonces que los tres estados con menor productividad del país estén en esa región: Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

El IMCO, que analiza a los estados del país desde hace más de una década a través de 72 indicadores en el Índice de Competitividad Estatal, muestra, en su edición más reciente, que de las cinco entidades menos competitivas, cuatro están en el sur: Tabasco, Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Guerrero ha ocupado la última posición en todas las ediciones del índice mencionado.

El sur necesita una intervención. ¿Qué hacer? ¿Cómo mejorar las condiciones en el sur? No es una región homogénea, lo que hace todo más complicado. La respuesta no es trivial. No se trata de llevar a cabo procesos industrializadores que destruyan los recursos naturales de la región, pero sí se trata de darnos cuenta de que el problema, aunque suena a lugar común, es multifactorial. Hay que mejorar la infraestructura, sí, pero también la educación. Hay que darle acceso a energéticos, pero también abordar el embarazo adolescente en el que Guerrero ocupa la peor posición del país.

No hay una receta infalible ni un solo factor determinante para mejorar las condiciones sociales y económicas del sur del país. Pero hay dos cosas que quedan claras. En primer lugar, lo que se ha hecho -vía algunos programas de transferencias o de acción específica- no ha sido suficiente. No digo que no haya servido, pero quizás su efecto ha sido solo paliativo sin generar cambios estructurales. Y en segundo, si no se hace algo distinto y urgente, la brecha solo se hará mayor. ¿Puede el país seguir rompiéndose en dos? Es pregunta.

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