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Biden promete en el Capitolio que Putin pagará por invadir Ucrania: “No tiene ni idea de lo que viene”

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Biden promete en el Capitolio que Putin pagará por invadir Ucrania: “No tiene ni idea de lo que viene”

La guerra en Ucrania marca el primer discurso del estado de la Unión del presidente de Estados Unidos, que asegura que perseguirá a los oligarcas y anuncia el cierre del espacio aéreo a las aerolíneas rusas

EL PAÍS

AMANDA MARS

Washington – 01 MAR 2022. Joe Biden se ha dirigido esta noche a Estados Unidos -y al mundo- para prometer que Vladímir Putin “pagará el precio” por la invasión de Ucrania y defender la unidad de los demócratas ante una crisis que contempla como un pulso entre la “tiranía y la libertad”. El presidente ha pronunciado su primer discurso del estado de la Unión, una de las citas cumbre de la política americana, en un momento aciago para Europa y Occidente, mientras el Ejército ruso ataca Kiev, los civiles toman las armas y las cifras de muertos escalan. El líder estadounidense ha calificado de “dictador” al dirigente ruso y ha asegurado que ha cometido un “error de cálculo” al creer que los aliados no cerrarían filas.

“La guerra de Putin fue premeditada y sin provocación. Rechazó los esfuerzos diplomáticos. Creyó que Occidente y la OTAN no responderían. Creyó que nos podría dividir aquí, en casa. Putin se equivocó. Estábamos preparados”, ha resaltado.

En una intervención feroz, Biden ha advertido de que perseguirá a los oligarcas rusos. ”Vamos a por vosotros, cogeremos vuestros yates, vuestros jets privados, vuestros apartamentos de lujo”, ha dicho, desafiante. También ha anunciado el cierre del espacio aéreo estadounidense a todas las aerolíneas rusas, en línea con lo decidido por los aliados, lo que estrangulará aún más la economía del país, y ha dejado este recado para Putin: “No tiene ni idea de lo que viene”.

La invasión rusa de Ucrania ha cambiado el guion de un discurso del estado de la Unión que Biden pensaba centrar en la política nacional, en reivindicar los logros económicos amén de la inflación y reclamar al Congreso un paso adelante con las reformas pendientes. Putin ha cambiado, al fin y al cabo, el guion de medio mundo, ha colocado a Europa en un escenario bélico que no esperaba en 2022, con tanques avanzando por las calles, familias refugiadas en estaciones de metro y escaramuzas por tierra, mar y aire. Brotan los recuerdos de la Guerra Fría, las comparaciones con la Segunda Guerra Mundial.

“Un dictador ruso, invadiendo un país extranjero, tiene costes en todo el mundo”, ha dicho Biden, si bien “en la batalla entre democracia y autocracia, las democracias están alcanzando su momento”, ha añadido. Ucrania ha provocado aplausos bipartitos en el Capitolio, una rareza en este tiempo de fricción política en Washington. La embajadora ucrania en Estados Unidos, Oksana Markarova, invitada de honor y sentada junto a la primera dama, Jill Biden, recibió una larga ovación en pie de toda la Cámara, donde abundaban las banderas y los colores, amarillo y azul, del país atacado.

Biden, niño de la posguerra y testigo político del ocaso de la URSS, es además un viejo conocido de Putin — “No creo que usted tenga alma”, le dijo al presidente ruso, la primera vez que le vio, en 2011—, el vicepresidente americano que vivió la toma de Crimea. Esta noche, ha recalcado la necesidad de mano dura contra el jefe del Kremlin. “A lo largo de la historia hemos aprendido la lección: cuando los dictadores no pagan un precio por su agresión, causan más caos. Siguen adelante y los costes y las amenazas a Estados Unidos y al mundo siguen creciendo”, ha advertido.

“Ese es el motivo por el que la alianza de la OTAN fue creada para asegurar la paz y la estabilidad en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos es un miembro junto con otras 29 naciones. Eso importa. La diplomacia estadounidense importa”, ha continuado, marcando las distancias del discurso aislacionista de Donald Trump, que más de un año después de dejar la Casa Blanca sigue agitando, mostrando incluso en la actual crisis más simpatías por Putin que por los aliados europeos. Biden ha insistido, no obstante, en que no se desplegarán tropas estadounidenses en territorio ucranio.

Ningún presidente de Estados Unidos ha pronunciado este discurso con el Viejo Continente tan debatido en su ser o no ser en 80 años. El de esta noche ha sido, técnicamente, el primer discurso del estado de la Unión de Biden, ya que su mensaje a las dos Cámaras del Congreso del año pasado no se considera como tal, ya que apenas acababa de llegar a la Casa Blanca. Se trata de una de las ceremonias más pomposas de la política estadounidense, una de esas en las que a la burbuja de Washington le gusta recrearse.

El líder habla en presencia de los legisladores, de los jueces del Supremo, del jefe del Estado de Mayor, de todos los miembros del Gobierno salvo uno, el llamado “superviviente designado”, que se convierte en el jefe del Estado por si hubiera una masacre en el Capitolio, medida de prudencia que data de la Segunda Guerra Mundial.

Los acompañantes de la primera dama constituyen uno de los principales mensajes: la embajadora ucrania; o Frances Haugen, la exempleada de Facebook que ha denunciado las malas prácticas del gigante tecnológico.

Apenas se han visto mascarillas dentro de la Cámara, a la que todos los invitados han acudido previo test covid, y donde se han repartido abrazos en una impactante imagen de vuelta a la normalidad después de dos años. Los problemas domésticos, con todo, siguen muy presentes. Biden se ha citado en el Congreso con la popularidad de capa caída. Si en su discurso de abril de 2021, el porcentaje de aprobación se situaba en el 53%, según el promedio de sondeos elaborado por FiveThirtyEight, una plataforma de referencia, ahora ha descendido a los infiernos del 41%.

Cuesta explicarlo en un país que el año pasado creció el 5,7%, la tasa más elevada desde 1984, y con una tasa de desempleo del 4%, pero la escalada de los precios ya ha hecho mella en el bolsillo de los estadounidenses. La inflación escaló hasta el 7,5% el pasado enero, el máximo en 40 años y, aunque es una tendencia global, los republicanos lo achacan en buena medida al plan de estímulos de Biden, que tachan de excesivo y causante de la falta de mano de obra que denuncian algunas empresas.

El presidente ha sacado pecho por las mejoras y se ha defendido esta noche con este razonamiento: “Una forma de luchar contra la inflación es recortar los sueldos y empobrecer a los estadounidenses, pero yo tengo un plan mejor: bajar vuestros costes, no vuestros sueldos. Fabricar más coches y más semiconductores en Estados Unidos”, ha señalado. Así, retomó también su discurso de apoyo a la industria local y llamó a reducir la dependencia de “las cadenas de suministro extranjeras”. “Hagámoslo en América”, ha resaltado.

Biden ha incidido también en las batallas que tienen al Congreso abierto en canal, como la ley de acceso al voto o el ambicioso programa social, ambos proyectos demócratas que han quedado empantanados por el rechazo republicano y también por la oposición de dos senadores de su partido, Joen Manchin y Kyrsten Sinema. En una noche de símbolos, Manchin se sentó junto a los republicanos, en lugar de los demócratas, para escuchar al presidente.

Fuera del Congreso, unidades militares de la Guardia Nacional custodiaban la zona, en recuerdo de que el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 marcó un antes y un después en el templo de la democracia estadounidense. La alarma de esta noche tenía que ver sobre todo con una caravana de camioneros que se dirigía a la capital en protesta contra las medidas sanitarias obligatorias por la pandemia, inspirados por la de Canadá, deseosos también de sus propios símbolos.

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